Icacos, una aventura al natural

Icacos, una aventura al natural

Por: Lucía Domínguez

Un despliegue de la campiña interiorana.

Apreciar la naturaleza en toda su diversidad y esplendor es la experiencia que se tiene cuando se visita Icaco Adventures, un complejo ecoturístico que, además, muestra aspectos de la cultura e historia de Panamá. Icaco es un arbusto cuyo nombre científico es Chrysobalanus icaco. No crece más de 10 metros, es muy ramificado y sus hojas son ovaladas. Sus frutos, blancos o rosados, son comestibles, tienen un sabor simple y solían utilizarse en el interior del país para hacer mermeladas y dulces.

Este sitio de recreo, para toda la familia, al cual se accede por la vía hacia El Coco, cercano a la ciudad de Penonomé, y a solo 10 minutos de la carretera Panamericana. Icaco abrió sus puertas, en 2013, en un terreno donde abundaba esta especie. Aún hay arbustos de Icaco sembrados en las 21 hectáreas que comprenden el parque como seña de identidad. La principal atracción para muchos es el canopy o la tirolesa, pero, más allá de la adrenalina que suelta esta actividad, el sitio conduce a reencontrarnos con la naturaleza.

Jardines

El recorrido comienza en el jardín central, rodeado de una arquitectura colonial colonial, en completa armonía con el entorno. A un costado, el restaurante al aire libre ubicado en una casa de dos pisos, con dos salones de eventos (con capacidad hasta para 200 personas cada uno). Desde el balcón del piso superior se observa una hermosa vista de la rica vegetación del complejo, uno de los aspectos más apreciados por los turistas.

Las paredes de ambos salones de eventos fueron aprovechadas para exponer diversas artesanías de la región hechas con piedras, maderas y barro, así como fotografías antiguas y actuales de la provincia de Coclé y sus habitantes.

El recorrido por los senderos es un despertar de los sentidos. El guía va mencionando las plantas y los árboles por donde se transita: ixoras, caballeros, crotos, variedad de heliotropos y otras.

Al llegar al pozo de los deseos invocamos la buena fortuna arrojando una moneda, y es buen punto para una linda fotografía, posando sobre el romántico puente de piedra, debajo del cual corre el agua. Por si no lo ha notado, un letrero le recuerda al visitante: “Disfruta el sonido de la cascada”.

Naturaleza sabia

“¿Sabía que la palma viajera se denomina así porque los viajeros sedientos podían encontrar depósitos de agua en muchas partes de la planta?”. Y justo ahí enfrente de esta información se despliega para el visitante una palma viajera. Junto al árbol de aguacate también está la correspondiente leyenda: “Originario de México y Perú e introducido por los españoles, fruto muy atractivo y energético.”

Más adelante está la casita del árbol, construida en las ramas de un uvero, ¡y tiene dos niveles! Los niños son bienvenidos a subir y pasar un rato divertido. El área de las hamacas, a la sombra de los árboles y a merced de la brisa invitan a descansar.

Plantas medicinales como el mastranto, el anís, el tilo y la manzanilla así como otras comestibles como la pimienta, el pepino, el zapallo, el tomate, la guanábana, la granadilla y el marañón forman parte del espectáculo vegetal.

La vida en la campiña

El trapiche y el cañaveral son otras de las atracciones en esta excursión y, además, los visitantes pueden moler su caña y tomarse el guarapo en el momento. ¡Que delicia!

A pocos metros está la casa de quincha que junto al patio recrea con la más honesta y respetuosa fidelidad la vida en la campiña interiorana. Hecha con tierra y paja, se logran ver un fogón de barro, una paila de barro, una tinaja, una tula para cargar agua, una esterilla (para montar caballo) y una totuma, elementos tradicionales del uso doméstico interiorano, pero que con el tiempo se han ido perdiendo.

El patio también es una reproducción fiel de la atmósfera campesina: gallinas, patos, conejos y codornices, árboles de ciruela, guandú, mango y guayaba. Y desde el mirador se aprecia el parque eólico, las montañas y la tupida vegetación del área.

Flora y cultura

El paseo de las orquídeas, con siete variedades; el de las heliconias con otras tantas y el jardín de las distintas especies de cactus que son otras lecciones de biología viva que se adquieren en Icacos.

También está el pueblito indígena en donde muestran casi que a escala real las tres estructuras principales: la casa del cacique, del curandero y la familia. También se aprecian instrumentos, artesanías o fotografías de hallazgos arqueológicos del Sitio Conte y del Parque Arqueológico El Caño, dos puntos de referencia científica en esta región.

Para practicar el kayak, paseos en bote o la pesca deportiva cuentan con dos lagos que, al igual que el canopy, su costo es adicional al de la entrada.

2018-03-15T22:52:35+00:00marzo 15th, 2016|