Museo de la Libertad y los Derechos Humanos: Un espacio para la reflexión

Museo de la Libertad y los Derechos Humanos: Un espacio para la reflexión

Por: Amalia Aguilar Nicolau

Estados, ONG y organizaciones en el mundo luchan por el cumplimiento de los derechos humanos y Panamá está comprometida con ser parte de esta realidad

En julio de 2009, en su columna del diario La Prensa, Betty Brannan Jaén hizo una propuesta para el uso del edificio del a antigua embajada de Estados Unidos, ubicado en la avenida Balboa, que sería devuelto al Gobierno panameño ante el inminente traslado de la sede diplomática a nuevas instalaciones en Clayton.

Su propuesta inicial consistió en convertir el edificio en un museo para la defensa de los derechos políticos; sin embargo, en el proceso de desarrollar y madurar la idea, surge una concepción más amplia fundamentada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que se firmó en 1948.

Es así como un grupo de ciudadanos con diversos intereses crean la asociación sin fines de lucro Fundación Democracia y Libertad, cuyo proyecto insignia, el Museo de la Libertad y los Derechos Humanos, tiene como propósito que cada persona conozca sus derechos y se sienta empoderada para defenderlos, no solamente los suyos sino los universales.

Reivindicar a las víctimas

Esta visión es compartida por otros países en los que han surgido distintas opciones a través de las cuales se recuerdan momentos oscuros de su historia, cada uno de acuerdo a sus circunstancias.

Entre esos vale la pena mencionar, por ejemplo, el museo Yad Vashem, en Israel, dedicado al Holocausto. Los judíos, poco tiempo después de la creación de su Estado, decidieron construir un monumento que homenajeará a los seis millones de judíos que murieron bajo el régimen de Hitler.

El 6 de agosto de 1945 fue un día histórico por la barbarie que se cometió: el primer ataque nuclear contra una ciudad. La Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin, pero el Ejército japonés aún resistía los ataques norteamericanos. El presidente de Estados Unidos de ese entonces, Harry S. Truman, decidió lanzar dos bombas atómicas. Primero contra la ciudad japonésa de Hiroshima y luego, tres días después, contra Nagasaki. El Imperio japonés se rindió ante los estadounidenses.

Se calcula que fallecieron alrededor de 260,000 personas en Hiroshima y Nagasaki al recibir las dos bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos para finalizar la Segunda Guerra Mundial. La gran mayoría, días después de la detonación, por causa de envenenamiento radioactivo. Para conmemorar este acto, se creó el Hiroshima Peace Memorial Museum en la ciudad que le da nombre. Ahí se incluyen objetos de las víctimas, fotografías y recuerdos de cómo era la ciudad antes del ataque y cómo quedó después.

Para recordar una época que marcó la hisotria del mundo en cuanto a actos de racismo desde las mismas políticas de estado, y que además implicó asesinatos y masacres hasta la llegada de Nelson Mandela al poder, surgió el Museo del Apartheid. El museo, que se localiza en Johanesburgo, cuenta con registros videográficos, artefactos, objetos y fotografías que documentan la historia sociopolítica de discriminación racial.

En otro formato se crea en el 2014 el Canadian Museum for Human Rights, que se encuentra en Winnipeg, la capital de la provincia de Manitoba, en Canadá. No se trata de un memorial, ni es un museo conmemorativo. Busca informar sobre los derechos humanos de forma interactiva y con exhibiciones que mueven a reflexionar sobre la experiencia humana y el papel que juegas en ella. Es el único museo en el mundo dedicado, exclusivamente, a generar conciencia y educación sobre los derechos humanos.

En América Latina destacan más de 50 organizaciones entre museos, bibliotecas e institutos dedicados a la recuperación de la memoria y la sensibilización en derechos humanos.

Entre 1973 y 1990 el Estado chileno bajo la dictadura de Augusto Pinochet violó de manera sistemática los derechos humanos de su pueblo. Tras la caída de la dictadura, comienza el proceso de dignificar a las víctimas y a sus familiares, como también a estimular la reflexión y el debate sobre la importancia del respeto y la tolerancia para que nunca más vuelva a ocurrir este horror.

En 2010, durante la presidencia de Michelle Bachelet, se inauguró el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

A través de esa estrategia se impulsó una serie de iniciativas educativas que generan reflexión en torno a lo ocurrido. Es ahí cuando se construye el museo en el que a través de fotografías, objetos, documentos y archivos se transmite a las generaciones venideras la historia del golpe de Estado, la represión, la resistencia, las políticas de reparación, entre otros temas que dejó esta época.

El Museo Memoria y Tolerancia, ubicado en el centro de la ciudad de México, tiene como propósito “difundir la importancia de la tolerancia, la o violencia y los derechos humanos. Crear conciencia a través de la memoria histórica, particularmente a los genocidios y otros crímenes.” Y nos recuerda que “para enaltecer la memoria de las víctimas, hay que transitar por los genocidios del pasado como una manera de que tanto sufrimiento no quede en el olvido” y “recordar para aprender y aprender para recordar”.

Conocer la propia historia

La misión docente del Museo de la Libertad y los Derechos Humanos es un pilar fundamental del mismo. El hecho de que existan retrocesos en algunas partes del mundo refuerza el reto que asume una institución como esta. Al mismo tiempo, Roberto Eisenmann III, presidente de la Fundación, hace énfasis en la memoria colectiva y en cómo, al parecer, los panameños olvidamos nuestro reciente pasado. Como bien dijo el filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

El Comité de Contenido tiene a su cargo una delicada labor puesto que, aunque existen objetos históricos que se están recolectando y ayudan a contar esta historia, “la mayor parte de la museografía se desarrolla a partir de ideas y conceptos en su mayoría abstractos”, acota Betty Brannan Jaén, quien además de ser la directora de la Fundación preside dicho comité.

De ideas a museo

La propuesta arquitectónica y de ingeniería la desarrolla y dona la firma de arquitectos Mallol y Mallol. Lo cual ha representado un aporte significativo, señaló Eisenmann. El campus del museo, se encuentra situado en la calzada de Amador, sumándose al Museo de la Biodiversidad en la oferta museística del área

Contará con tres edificios que se construyen por etapas y de acuerdo a los fondos que se recauden, cada uno dedicado a un tema, generando un diálogo entre ellos. “El museo es una institución viviente; no es un repositorio de polvo; no es algo que solo mira hacia atrás. Esperamos tener un pequeño auditorio para foros de debate y análisis de estos temas. Queremos que Panamá sea parte del debate mundial sobre los derechos humanos”, señaló la directora de la Fundación.

El 10 de diciembre se cumplen 70 años de la proclamación de los 20 artículos de la Declaración de los Derechos Humanos y el primer edificio, Igualdad, contempla abrir sus puertas coincidiendo con esta fecha. En este primer módulo se contará brevemente la historia de los derechos humanos, se podrán conocer los treinta artículos iniciales de la Declaración y, por último, se presentan personajes conocidos por su defensa de los derechos humanos.

Un segundo edificio, Memoria, contará la evolución de los derechos humanos en Panamá y los avances en los derechos sociales y políticos desde 1903; la museografía insta a reflexionar sobre los retos que encara la democracia. Del país, mientras que las exhibiciones estarán continuamente actualizándose.

Parte de esta museografía incluye testimonios y vivencias convirtiendo al custodio formal de una parte de la historia de Panamá; todavía, algunos de sus protagonistas siguen vivos y pueden aportar piezas para armar este rompecabezas.

El tercer edificio, Tolerancia, contará la historia del holocausto y los genocidios sufridos por la humanidad. Para ello, la Fundación cuenta con el apoyo de la comunidad hebrea de Panamá.

La museografía busca difundir la importancia de la tolerancia, la no violencia y los derechos humanos. También se busca crear conciencia a través de la memoria histórica; además de alertar sobre el peligro de la indiferencia, la discriminación y la violencia. Al fomentar los valores de la tolerancia y el respeto, se pretende inspirar a las nuevas generaciones de todas las edades, para propiciar la convivencia democrática participativa, el fortalecimiento de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

El museo apuesta a construir un espacio donde los jóvenes, a la luz de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprendan a reconocer la dignidad inherente a todos los seres humanos; que los derechos humanos están y son interdependientes; no son una utopía, se trata de aspiraciones aún no alcanzadas que se construyen día a día.

2018-05-09T15:28:19+00:00marzo 9th, 2018|