Adrián vino a pasar unas vacaciones al país y al regresar a España, se dio cuenta que su vida estaba acá. Es la historia de este abogado litigante que hoy es un enamorado de la gastronomía y de Buenaventura. 

“Para mí lo más importante es que podamos hablar del equipo. Ellos son la base del éxito de Mansa”. Es la frase que  mejor resume la visión de Adrián Sánchez, Restaurant & Bar Manager de Mansa,  sobre el negocio y ‘el salto cuántico’ que ha dado este último año. 

Porque este abogado litigante de Albacete, decidió dejar su vida en Madrid para volver a Panamá y establecerse aquí. Primero en la ciudad, donde consiguió un trabajo en el Estudio Millesimé. Ahí estuvo hasta 2017, cuando de la mano del Chef David Izquierdo llegó a Buenaventura. 

“No me importa reconocer que me costó un poco. Al principio me sentí un poquito perdido”, recuerda.  “Era asistente del director de alimentos y bebidas. La falta de experiencia me jugaba un poco en contra, pero fue como una inmersión con esteroides”.

Pero la vida le cambió y hoy está fascinado con su trabajo y con el lugar. “Estoy encantado de Buenaventura. Este paisaje, esta playa. Somos privilegiados los que trabajamos aquí. Yo soy full amante del interior, detesto la ciudad”, afirma mientras sonríe. 

Sin duda el coronavirus se transformó en el mejor catalizador para cientos de negocios que vieron una oportunidad de transformación. Así lo entendieron en Mansa, donde comenzaron a analizar de qué forma podían ‘resolver’ la vida de los residentes de Buenaventura en momentos de tanta restricción. 

“Comenzamos con cosas muy básicas, pero con el equipo fuimos trabajando en formas para ampliar nuestro menú. Habilitamos el delivery y así apareció el sushi, las paellas y lo que pensábamos que iba a ser coyuntural, los comensales de Mansa lo seguían solicitando”, evoca Adrián sin dejar de pensar en la comunidad.

“Creo que nos dio la oportunidad de interactuar mucho más con la comunidad y eso nos posicionó de una forma distinta porque durante esos meses el contacto era diario. Yo creo que sentíamos que éramos más que un restaurante. Las personas nos escriben por cualquier cosa y nosotros tratamos siempre de resolverles de la mejor forma posible”. 

Adrián entiende que esta relación de confianza  con la comunidad le permite entender mejor sus gustos para desarrollar junto al equipo más variedad en el menú. “Esta confianza es un reto increíble para todos. De ellos sabemos lo bueno, lo malo y lo feo. Eso eleva nuestros niveles de exigencia. Aquí tu sabes que las personas vuelven semana tras semana y nuestro objetivo es que siempre se vayan satisfechos”.

¿Cómo visualizas el futuro?

“Creo que ya hemos asimilado toda la información y nos dimos cuenta que todo cambió y eso nos genera una gran responsabilidad. Los residentes están esperando siempre actividades y eventos nuevos. Los lunes, por ejemplo, ya algunos nos escriben ‘oye, ¿que van a tener el sábado?’

Queremos consolidar eso y seguir creciendo. Ser ambiciosos en el desarrollo de eventos y opciones para todos los comensales de Buenaventura.  Que las personas lleguen aquí con ganas de compartir,  de reírse, de conversar y hacerlo en una mesa con un buen servicio y con una buena comida.

Bueno, ese es el escenario perfecto para todos nosotros que hacemos parte de Mansa”

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